Historia del yacimiento

Aunque será con la llegada de los romanos en el siglo I a.C. cuando se produzca una explotación masiva del cobre del Cerro de los Almadenes, en el Calcolítico y Edad de Hierro el cerro estuvo ocupado. De hecho, en el Calcolítico, pruebas isotópicas han demostrado que piezas manufacturadas con ese cobre fueron usadas en terrenos de la actual Comunidad de Madrid.

También, tras los romanos, la producción irá menguando progresivamente y volverá a ser en la segunda mitad del siglo V d.C. cuando se produzca una reactivación de la minerometalurgia en el cerro, lo que por otra parte se corresponde con la generalización de yacimientos de época visigoda en la campiña segoviana.

Tras la explotación romana y tardorromana de las minas de cobre, las labores mineras, que tanta actividad habían tenido, pasaron al olvido. Nuestra intención aquí es recuperar las fuentes escritas, en orden cronológico, que mencionan los antiguos trabajos mineros en Otero de Herreros.

La primera se debe a la pluma de Hernando Colón (1488-1539), hijo natural de Cristóbal Colón, cosmógrafo y bibliófilo apasionado que reunió una de las mayores bibliotecas del Renacimiento europeo, con más de 15.000 volúmenes que constituyen hoy en día la base de la Biblioteca Colombina.

Portada de facsímil de la publicación de Hernando Colón
IMAGEN 1. Portada de facsímil de la publicación de Hernando Colón; “Descripción y Cosmografía de España”, Tomo II

En sus Itinerarios Colón comenta que “Partí de utero para Valdeprados que hay una le. pequeña, todo cuestas y valles abajo, y en saliendo del lugar, a dos tiros de ballesta, está un grande escorial de herrerías de tiempo muy antiguo, muy grandísimo”.

Hernando Colón, sorprendido, se limita solo a tomar nota de la existencia de una cantidad sobresaliente de escorias y de la explicación que le proporcionan los lugareños sobre la presencia de estas, sin añadir mención alguna a la existencia de trabajos mineros y metalúrgicos en la época, a pesar de la proximidad de la Ceca Vieja de Segovia.

Ya en el Renacimiento se citan algunas veces las minas, pero todo parece indicar que, salvo alguna acción puntual, no se llegaron a poner en funcionamiento. Poco más se puede citar hasta finales del siglo XVIII, cuando en el contexto de la elaboración de un Diccionario Geográfico de España, Tomás López elabora una encuesta a la que responde José Aparicio Calatrava.

Para esta obra, el último elabora dos mapas poco minuciosos donde aparecen tanto el Cerro de los Almadenes como Otero de Herreros y Ferreros. En el apartado Cosas memorables, el autor muestra su asombro ante la existencia de “dos montañas hechas de escoria”, que según los lugareños se deben a “que en aquel sitio hubo antiguamente ferrerías donde se fabricaban metales de oro, plata y bronce”.

Portada de facsímil de la publicación de Hernando Colón
IMAGEN 2. Mapa realizado por José Aparicio Calatrava, párroco de la localidad, para el Diccionario Geográfico de España.

No será hasta 1890 cuando Lecea presente la mina “La Española” de Otero de Herreros y ofrezca las primeras noticias sobre la antigüedad del yacimiento conocidas. Lecea habla de que “los sepulcros que se encuentran en el mismo cerro, los barros saguntinos (se refiere a la Terra Sigillata), las monedas halladas entre la escoria, alguna de ellas muy notable y muy bien conservada del Emperador César Augusto, todo esto contribuye a demostrar que los hijos de Roma sacaron de aquel cerro durante prolongados años, crecidas cantidades de cobre, plata y algún otro metal”.

Un año más tarde el ingeniero de minas Daniel de Cortázar publica la Descripción física y geológica de la Provincia de Segovia. En esta obra comenta sobre el Cerro de los Almadenes: “es evidente que los romanos fueron quienes beneficiaron los citados criaderos, por lo menos en su mayor parte, pues lo atestiguan suficientemente las monedas de Trajano (y parece que alguna más antigua o de Augusto) y los fragmentos de utensilios de barro con la inscripción L. AVLÆ SVRIS que se ha recogido entre las mismas escorias”.

Ya a principios del siglo XX, cuando se está a punto de poner las minas en funcionamiento, Alió publica un Bosquejo geológico-minero de las minas de cobre sitas en los términos de El Espinar y Otero de Herreros, donde por primera vez se puede ver una fotografía del inmenso escorial que existía y que hoy se encuentra prácticamente desaparecido.

Primera fotografía conocida de los escoriales de Otero de Herreros de inicios del siglo XX
IMAGEN 3. Primera fotografía conocida de los escoriales de Otero de Herreros de inicios del siglo XX.

En la primavera de 1902 el ingeniero geógrafo José Galbis y Rodríguez realiza un ensayo de métodos fotogramétricos en Otero de Herreros. El método consistía en la construcción de planos topográficos mediante la fotografía, es decir, la fotogrametría. Las fotografías tomadas por Galbis nos muestran cómo se encontraba el yacimiento a comienzos del siglo XX, con dos montañas de escorias separadas por el Camino de Valdeprados.

 Fotografía tomada en la primavera de 1902, parte del estudio fotogramétrico de José Gálbis y Rodríguez
IMAGEN 4. Fotografía tomada en la primavera de 1902, parte del estudio fotogramétrico de José Gálbis y Rodríguez.

Pero la mejor obra para conocer cómo estaba el cerro y alrededores, aunque sin foto pero con un plano muy interesante, es el folleto de Lacasa (1922). En esta obra se comentan los hallazgos arqueológicos realizados hasta la fecha y se afirma que en 1922 “no se ha realizado nunca explotación posterior a la época romana”.

Mapa de 1922 con localización de explotaciones, escoriales y escombreras alrededor del Cerro de los Almadenes
IMAGEN 5. Mapa de 1922 con localización de explotaciones, escoriales y escombreras alrededor del Cerro de los Almadenes.

Como en muchas otras minas españolas, tras la Guerra Civil todos los proyectos y minas que en el término de Otero de Herreros habían estado en funcionamiento se paralizaron. El último fue una explotación de wolframio cerca del túnel de la línea de ferrocarril Madrid-Segovia que se mantuvo activa durante la II Guerra Mundial, pero finalizada ésta la explotación también se paralizó.

Se volvieron a reiniciar las iniciativas mineras en 1970, cuando la zona fue investigada para minerales energéticos (uranio) por parte de la Sociedad Minera San Albín. En ese contexto, Claude Domergue visitó el Cerro de los Almadenes. Para entonces ya llevaba siete años en España y había trabajado en yacimientos importantes como la mina Diógenes y otras de Sierra Morena, experiencia que sirvió para su tesis doctoral defendida en 1972.

Domergue, tras una prospección, concluyó que los materiales encontrados pertenecían al periodo entre el siglo I a.C. y I d.C. Su memoria de 1979 se convirtió en una referencia obligada sobre el yacimiento, aunque los estudios no continuaron hasta las prospecciones de Barahona (1987) y STRATO (1994), que confirmaron la presencia de cerámica romana y Terra Sigillata Itálica.

Como resultado de estos trabajos, en el año 2002 el Cerro de los Almadenes fue incluido en la TABVLA IMPERII ROMANI, HOJA K-30: MADRID como yacimiento romano minero de cobre.