La zona metalúrgica

La fortuna quiso que, en 2013, tratando de seguir el trazado de una canalización, el equipo del Cerro de los Almadenes diera con uno de los descubrimientos más relevantes dentro de la arqueometalurgia de la península Ibérica. Entre 2013 y 2014, sale a la luz la parte inferior de la estructura de una batería de cinco hornos metalúrgicos para la producción de cobre. Entre cada horno, los cuales están separados entre sí unos 2,40 metros, aparece un pequeño murete de piedra. Los restos de los hornos conservan in-situ las escorias formadas en su último uso, que quedaron “pegadas” a las paredes de barro refractario usadas para revestir el interior del horno. Y, sin duda, esas escorias son lo más significativo de esta batería de hornos, porque gracias a ellas se han conservado in situ las paredes de los hornos, lo que nos permite actualmente, incluso comprender cómo fue su uso, pues todas las paredes están rotas en la misma dirección, lo que se traduce en que se observa una forma de U en el plano. Esto significa que todos los hornos funcionaban igual, desde el mismo lado y que tras su uso, esa pared se rompía. Algo similar a lo encontrado en los hornos de hierro de Le Martys en Francia.

Plano de las baterías de hornos descubiertas en el Cerro de los Almadenes
Imagen 1.Plano de las baterías de hornos descubiertas en el Cerro de los Almadenes. En azul se rodea la Batería 1, descubierta entre 2013 y 2014. En Amarillo está rodeada la batería 2, sacada a la luz entre 2016 y 2017. En rojo se muestra el horno -1, que respeta la estructura de las baterías 1 y 2, pero se separa algo más en distancia respecto a la batería 2. En morado se rodea un fondo de horno circular, habituales en el cerro, pero que se encontró in situ en este caso.

Si con esta batería de cinco hornos no bastaba para hacer ver que estamos ante una gran fundición organizada, en la que funcionaban baterías de hornos al mismo tiempo, en el año 2016 comienza a aparecer una nueva batería de hornos, simétrica a la batería de 5 hornos y de la cual se han sacado a la luz, hasta ahora, cuatro hornos. Esta nueva batería nos ofrece dos datos muy importantes. El primero es que es otra batería, que confirma la magnitud del lugar, pero, además, esta batería es simétrica a la otra, es decir, que la pared del horno que rompían, desde la que manejaban los hornos, miraba hacia los otros hornos, lo que hubiera permitido trabajar las dos baterías de 10 hornos al mismo tiempo.

Recreación de la posible utilización simultánea de las dos baterías de hornos simétricas encontradas en el Cerro de los Almadenes
Imagen 2. Recreación de la posible utilización simultánea de las dos baterías de hornos simétricas encontradas en el Cerro de los Almadenes.

El segundo dato importante es que estos hornos conservan hasta un metro de altura de su estructura, lo que quiere decir que hemos podido observar parte de su chimenea. La parte superior conservada es barro vitrificado, endurecido, lo que ha favorecido su conservación. Este vitrificado es muy fino, de apenas medio centímetro y se formó al estar situado en una zona que recibió mucho calor, pero no contiene escoria pegada, lo que quiere decir que en ningún momento estuvo en contacto con el mineral, es decir, que estamos ante una parte de la chimenea. Este descubrimiento nos ha permitido confirmar que los hornos se estrechaban, pasando de tener 60x60 centímetros en la base a reducir su anchura a prácticamente la mitad unos centímetros más arriba. Esta reducción les permitía aumentar tremendamente su eficacia calorífica, que se ha comprobado mediante la analítica de escorias que llegaba a alcanzar 1400 °C en algunos puntos, permitiendo una fusión completa del mineral y así lograr separar correctamente el hierro (en forma de escoria) del cobre (en forma de mata oxidada). Es muy probable que a pesar de lo eficaz que podía resultar la reducción de la chimenea, fuera necesaria la ventilación por fuelle, que debió realizarse por el frente que luego se rompía, dada la falta de evidencias de toberas de ventilación en otras paredes de los hornos.

Imagen del horno 2 de la batería 2 en la que se aprecia la reducción del espacio interior con la altura
Imagen 3. Imagen del horno 2 de la batería 2 en la que se aprecia la reducción del espacio interior con la altura. En la parte inferior con más escoria, más “rugosa”, en las paredes y en la parte superior, más lisa, solo con el barro vitrificado que podría relacionarse con el arranque de la chimenea del horno.

En la primera batería de hornos encontrada, esta zona central no estaba completa. En la nueva batería si aparece completa y nos permite estimar en unos 200 litros (60x60x60cm) el volumen útil de la cámara del horno. En esta parte se fundía el mineral, por ello, las paredes se encuentran recubiertas de una gruesa capa de escoria metalúrgica de superficie irregular, pero no rota. Esto último es importante, pues parece indicar que la escoria fluyó, seguramente al sangrarla para extraerla del horno. Entre los muchos huecos de esta escoria hemos podido confirmar algo que ya se había observado en los miles de fragmentos de escorias hallados en el cerro; la existencia de fragmentos de carbón vegetal. Esto nos indica que carbón y mineral se añadían juntos en esta zona del horno, mezclándose durante el proceso de fundido del mineral.

Muy interesante en esta cámara de combustión es observar que la escoria metalúrgica nunca llega hasta abajo, está rota. En el proceso de separación de la escoria y el cobre, éste al ser más denso que la escoria de hierro se depositaba en el fondo del horno. La escoria de hierro quedaba flotando sobre el cobre y en ese momento, el fundidor rompía el frontal del horno o practicaba una abertura a una altura específica, dada por la experiencia, y que les permitía sangrar la escoria y dejar dentro del horno el cobre, enfriándose. La rotura que nos hemos encontrado en todos los hornos indica que el material cobrizo que buscaban se extraía tras enfriarse el horno, de la parte inferior del mismo, y no se sangraba, o al menos no hay evidencias de ello en lo descubierto en la estructura de estos hornos.

Por último, la rotura de la escoria en el fondo hace posible observar las losas de granito que dan forma al horno. Lo observado durante la excavación del exterior de los hornos parece indicar que esta nueva batería de hornos se encontraba encajada en la roca granítica del Cerro de los Almadenes, completando sus paredes laterales con bloques de la misma roca granítica hasta ofrecer una estructura, que por lo conservado sería de 60x60 centímetros en esta zona inferior.

Por las cotas de la estructura del horno, la zona de trabajo exterior sería la roca madre. Todo este estrato no ha ofrecido ninguna evidencia arqueológica de trabajo metalúrgico, ni de ningún otro tipo de actividad. Esta ausencia de materiales y la presencia de zonas de picado en la roca alterada por el calor nos hacen pensar en una limpieza extrema del área de trabajo que consistiría en retirar la escoria, picándola y rompiéndola tras enfriarse. Posteriormente se llevaría al escorial, manteniendo limpia el área de trabajo.

A continuación de la batería 2 y hacia el noroeste, se descubrió un horno de idénticas dimensiones y estructura, pero con una separación mayor respecto al horno que tenía más cercano. Una posibilidad es que este horno fuera el comienzo de otra batería, existiendo un acceso a la zona de uso de los hornos utilizando esa separación mayor.

Y finalmente se descubrió más al sur, lo que se piensa es otro horno aislado, pero de configuración circular, con lo que no se cree relacionado con las baterías encontradas. Las llamadas “lingoteras” son piezas de forma circular, hechas en barro y que aparecen con escoria pegada. Son tremendamente habituales en el yacimiento, pero suelen aparecer, con la escoria hacia abajo. Este horno circular tenía media lingotera situada, con la escoria hacia arriba, en el fondo y aparentemente en continuidad con unas paredes de barro rojo en forma de cuenco.

A pesar de que las escorias eran, como hemos visto, un desecho del proceso metalúrgico de obtención del cobre. En el Cerro de los Almadenes es uno de los testigos más claros de la enorme magnitud que tuvieron sus explotaciones mineras. Al igual que un detective obtiene mucha información rebuscando en los desechos domésticos de su investigado, rebuscando en los desechos metalúrgicos de nuestro investigado podemos sacar valiosos datos del proceso que les dio lugar.

En primer lugar, viendo sus formas, y antes de descubrir los hornos, ya podíamos imaginarnos que gran parte de esa escoria, la de fragmentos más grandes y pesados, fue sangrada. Las “arrugas” y formaciones bulbosas conservadas en muchas piezas nos dicen que cuando estaba enfriándose este material fundido estaba fluyendo.

En segundo lugar, existen fragmentos de escoria pegados a fragmentos de barro endurecido por el calor. Estos son restos de los hornos ya rotos cuando ya habían cumplido su cometido. Algunos de estos barros son rojizos, que nos dicen que había oxígeno presente en ese horno, y otros son grises, que nos dice que no había oxígeno y que por tanto eran hornos de fundición. También aparecen muchos fragmentos con carbones dentro de su estructura, e incluso improntas de ese carbón vegetal.

Muchísimos datos y muchos restos de escorias para obtenerlos, sin embargo, aunque nos pueden parecer muchas las escorias que nos encontramos en la actualidad, en el pasado fueron muchos más y su estudio nos va a permitir ofrecerle la magnitud de estas explotaciones.

Imágenes de distintos tipos de escorias
Imagen 4. Imágenes de distintos tipos de escorias. Arriba, dos tipos de escoria de sangrado, con morfología bulbosa y cordada que muestran el movimiento de la escoria fundida al ser derramada desde el horno. Abajo a la izquierda, escoria en la que se aprecian las improntas del carbón vegetal, que mezclado con el mineral era introducido en la cámara principal del horno. Abajo a la derecha escoria de “camisa” de horno, con la pared vitrificada, pero sin apenas metal, lo cual la sitúa por encima de la cámara principal y antes de la chimenea.

La primera referencia a los escoriales del Cerro los Almadenes la hace Hernando Colón, hijo de Cristóbal Colón, en el siglo XVI. Menciona “un escorial de herrerías” muy “grandesymos” cerca entre “utero y valdeprados”. Tomas López recoge una cita del primer año del siglo XVII que habla de dos minas en dos cerros llamados los Escoriales.

En un pequeño mapa del siglo XVIII también aparecen representados dos montes de escoria. Y continuando cronológicamente con los datos documentados, tenemos una referencia de mediados del siglo XIX, 1845 concretamente, del Boletín Oficial de Minas que menciona una mina de hierro a nombre de Nicolás de Prado, denominada “los escoriales”, en plural.

Esta última referencia es importante porque implica una posible explotación de estos y por tanto estos quedarían reducidos. La siguiente referencia sería la de Carlos de Lecea, en 1890, en la que menciona “un inmenso escorial”, ya en singular, lo que apunta a que uno de los cerros, si es que fueron dos, pudo ser explotado.

Este autor nos ofrece la primera cifra de volumen estimada para el escorial, entre 180.000 y 200.000 m3. No mucho tiempo después, en 1891, Daniel de Cortazar, en su descripción geológica de la provincia de Segovia, vuelve a ofrecer una cifra de volumen: en este caso menciona que exceden de 150.000 m3. El parecido con las cifras anteriores tiene sentido por la cercanía de las fechas.

Este autor menciona claramente el cerro de las escorias, y habla de que fueron removidas para su uso en el “engravado de las calles y carreteras”. Todos estos datos nos ofrecen una reducción importante de las escorias en el Cerro de los Almadenes, que siguió en el tiempo hasta eliminar por completo lo que quizás fueron dos cerros de escorias metalúrgicas.

El ya varias veces mencionado documento de Enrique Lacasa de 1922 nos ofrece extrañamente un dato mucho más pequeño de volumen, calculando el autor unos 35.000 m3 para el escorial.

El llamado “vuelo americano A” realizado para la zona de Otero el 29 de septiembre de 1945 nos ofrece fotos aéreas del yacimiento que permiten ver la presencia del escorial aún en la zona 23 años después de la descripción de Lacasa. En ese vuelo, se puede calcular que el escorial, al menos donde claramente se pueden ver acopios importantes, ocuparía una superficie de 11.600 m2.

Si aplicamos un espesor medio de 3 metros a partir de un mínimo de espesor en el talud actualmente expuesto, en 1945 el volumen de escorias sería similar al mencionado por Lacasa.

A la izquierda, imagen del 29 de septiembre del 45 en la que se ve el Cerro de los Almadenes
Imagen 5. A la izquierda, imagen del 29 de septiembre del 45 en la que se ve el Cerro de los Almadenes, y al norte del mismo, los restos del escorial en esa época (VuelosAños40 1941-1948 CC-BY 4.0 ign.es). A la derecha imagen de la misma zona de marzo de 1978, en la que se puede ver cómo el escorial está eliminado prácticamente en su totalidad (VueloInterministerial 1973-1986 CC-BY 4.0 scne.es). Abajo a la derecha se ve el corte de la primera excavación arqueológica realizada en el Cerro de los Almadenes (Sector I). Ver sobre el vuelo de 1978 cómo se aprecia la sombra del talud, creado al remover el escorial. Esa sombra no está presente en 1948, con lo que al menos un espesor de 3 metros debía existir, de media, a lo largo de los 11.600 metros cuadrados que ocupaba el escorial en 1945, lo cual nos da una cifra muy similar a la dada por Lacasa 23 años antes. Abajo a la izquierda, foto de la montaña de escoria en 1902 (Alió, 1902).

Si multiplicamos el valor más alto de volumen, el más antiguo dado por Carlos de Lecea, por una densidad media de 3,5 g/cm3 y por un empaquetamiento de 0,8 (ya que no estaría compactado el escorial) podemos obtener las toneladas de escoria de cobre del Cerro de los Almadenes.

Esto nos ha permitido cifrar en 540.000 toneladas de escoria de cobre las presentes a finales del siglo XIX en Otero de Herreros. Este dato nos da una medida de la importancia que tuvo en el pasado esta explotación, y eso que muy probablemente la montaña, quizás montañas, de escorias habían sido notablemente reducidas.