Ya sabía Plinio “el viejo” que las sustancias que se encontraban en las profundidades no se producían rápidamente. Lo que no creo que pudiera imaginarse es que se han necesitado 540 millones de años para que sus contemporáneos tuvieran esas riquezas al alcance. Concretamente la mitad para que se formaran las mineralizaciones y la otra mitad para que, gracias a la erosión, estuvieran en la superficie o cerca de ella.
Esta gran cantidad de tiempo ha dado lugar a una compleja mineralización que podemos tratar de desgranar a través de su mapa geológico. Y es que esta geología, como veremos, no solo ha dado lugar a que en este lugar se concentraran los esfuerzos de varios pueblos a lo largo de los siglos, sino que, también, ha influido en el lugar concreto donde se ubicaron estas poblaciones.

Como se puede ver en el mapa geológico del Cerro de los Almadenes y su entorno, la mineralización, pintada en azul, se encuentra situada entre los monzogranitos (rosas) y los gneises, esquistos y mármoles (marrones y naranjas). Esto es así porque esta mineralización está formada por los fluidos calientes del monzogranito, los cuales, durante su formación hace unos 320 millones de años, entraron en contacto con unos mármoles que ya se encontraban allí, porque se habían depositado inicialmente como fangos calcáreos bajo el mar hace 540 millones de años.
Al ser el mármol una roca relativamente porosa, al igual que una magdalena al mojarla en leche con cacao, los fluidos graníticos cargados de minerales “empaparon” el mármol, y al igual que la magdalena no sabe igual sola que mojada en cacao, la composición del mármol cambió, enriqueciéndose en minerales como la pirita, la calcopirita, la esfalerita, la magnetita, la galena o los cobres grises. De esta amplia mineralización, se cree que los pueblos antiguos y tardoantiguos que explotaron el yacimiento buscaran principalmente la mineralización de calcopirita y otros minerales secundarios procedentes de su alteración (malaquita, azurita, etc.), en busca del cobre.

Otro aspecto relevante que aporta la historia geológica de la zona al estudio del yacimiento arqueológico es contestar al motivo por el cual se sitúa este poblado minero en este cerro y no en otros muy cercanos.
Como se puede ver en el mapa geológico y también en el bloque diagrama geológico, la zona de mineralización se encuentra dividida en dos, habiéndose partido y desplazado. Esto se produjo hace unos 250 millones de años, al final de la era paleozoica y comienzo del Mesozoico. Esto hace que exista mineralización a cada lado del Cerro, pudiendo controlar desde el mismo, con cierta facilidad, las zonas de extracción.

Las zonas de extracción se distribuyen a lo largo del arroyo de la Escoria, al norte del cerro, y en el arroyo del Quejigal o Vallejo, al sur del cerro. En superficie la única evidencia claramente identificable como de época romana es una bocamina en el arroyo de la Escoria, hoy totalmente cegada. Existen otras excavaciones y escombreras en la zona, pero de estas evidencias, solo otro pozo y una trinchera en el arroyo del Quejigal han sido evidenciadas como “antiguas” gracias al trabajo que, en 1922, publicó el ingeniero de minas Enrique Lacasa.

Este ingeniero describía el yacimiento mineral del Cerro de los Almadenes aprovechando los trabajos que en 1906 la Sociedad Minera de Otero de Herreros había realizado para evaluar el yacimiento mineral con la intención de explotarlo. Por suerte, la explotación solo se limitó a 22 toneladas de escombreras que ya habían dejado allí anteriormente los pueblos que explotaron el cerro...
Además, esta exploración permitió conocer algo hoy en día inaccesible: las explotaciones subterráneas realizadas en la antigüedad, pues Lacasa describe hasta 7 galerías a profundidades de entre 12 y 27 metros. Hay evidencias de que las técnicas romanas de extracción de agua (norias, tornillos de Arquímedes, etc.) permitieron a esta civilización alcanzar profundidades escandalosas de hasta 340 metros (máximo conocido en las minas de Mazarrón, Murcia). En Otero de Herreros, la mineralización está presente hasta una profundidad de unos 600 metros, pero la profundidad de explotación que alcanzaron los romanos fue de unos 27 metros, al menos que sepamos...

Como se ve en el bloque diagrama geológico, la gran inclinación de las capas mineralizadas haría que a estas se accediera mediante pozos o galerías muy inclinadas, siguiendo las zonas más enriquecidas hasta cierta profundidad, y desde ahí las seguirían horizontalmente...
...De todo ese desarrollo longitudinal del mineral, tenemos evidencias documentales de que existen galerías recorriendo unos 400 metros en el arroyo de la Escoria y la totalidad del desarrollo mencionado para el arroyo del Quejigal...
...Esto nos muestra cómo estos mineros seguían el mineral y exclusivamente el mineral, aunque eso supusiera realizar tres galerías en cuatro metros cuadrados.
Aunque los minerales mencionados antes son compuestos de diferentes elementos, en el Cerro de los Almadenes, por ahora, todos los indicios apuntan a que se buscaba el cobre. En superficie, los minerales de este elemento destacan por sus tonos verdes y azulados...
Tras extraer la calcopirita, los romanos la separaban de restos inútiles, esto para ellos era el purgare, para nosotros es separar la mena de la ganga...

Menciona Plinio en el libro número 33 de su Historia Natural, aunque refiriéndose a la obtención de oro, que el mineral seguía las siguientes fases: “tunditur, lavatur, uritur, molitur”, que viene a ser: triturar, lavar, quemar, moler. Estas fases tendrían lugar tras haber separado la ganga y haberla depositado en las escombreras...
